En el sitio oficial la definición para que un objeto reciba la selección y distinción de sello de buen diseño es la siguiente:

“Es una distinción a productos innovadores y destacados por su diseño desarrollados en la Argentina, con el fin de darles mayor relevancia y visibilidad en mercados locales e internacionales…”

Al ver las fotos y al ver el catálogo solo nos resta pensar que estamos muy cerca de los mejores diseños del mundo. Y si hay diseño la resultante directa es que hay industria.

Ahí, espero se me permita la duda, casualmente uno va a la presentación anual y se va con una buena impresión de la calidad de lo expuesto pero que al cotejarla con las noticias de la economía o con post del sector o hasta mismo al ver los pedidos de personal comienza a ver que la línea no es tan recta y que dibuja un zig zag bastante distorsionado.

Uno estando dentro del programa PyMES D como consultor de diseño se enfrenta constantemente a preguntas que dejan siempre un sin sabor con la acción realizada.

El diseño nunca será diseño y menos buen diseño, hasta que el usuario se apropia de él de manera genuina. Este ejemplo, es uno con el que muchas noches me cruzo al volver de correr, desde acá quiero abrir el debate para intentar desasnar una incógnita que me ronda hace tiempo en la cabeza.
El marketing no nos ha obligado a primar el efecto, a visibilizar sin reflexionar. ¿Es realmente el sello de buen diseño la validación para que un diseño sea bueno?

Entiendo que debemos hacernos muchos más preguntas frente a lo que vemos, ser más incisivos y dejar la sonrisa de cocktail para tiempos donde tengamos bien claro que queremos hacer diseño en serio. Cuando digo ésto lo digo pensando en una industria con todo lo que eso implica.

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