En los primero meses de 1996 nos tocó estar frente al primer gran desafío de diseño que un estudio necesita tener para poder afirmar y reafirmar sus deseos de hacer diseño.
La Ciudad estaba en una etapa pre electoral, la empresa prestadora del servicio de recolección de aquel entonces MANLIBA pugnaba por continuar con la concesión y apostaba a impactar con la renovación de toda su flota.
Y nosotros fuimos convocados para tamaña empresa. Las razones, solo Dios sabrá bien por qué nosotros, algo habrán visto. Hoy tengo muy claro que el mejor recurso para eso que ellos buscaba es el diseño. No es que por aquel entonces no creyera en lo mismo sino que la juventud profesional y la experiencia en formación no dejan siempre ver tan en claro ciertos conceptos.
Seguramente estuvimos en la equina justa, en el preciso momento y con el hambre necesario para que algo que hoy naturalmente llamamos “gráfica vehicular” sucediera y nos sucediera.
Hoy uno siente ser un pionero o un innovador pero todo también hay que reconocer que la oportunidad estaba ahí. Estaba la decisión polbasuraf1ítica, el presupuesto, el adelanto tecnológico (no igual al de hoy) y las ganas de hacer algo distinto.

Hasta ese entonces la recolección se hacía tirando bolsas a un acoplado montado sobre un camión y todo era blanco.
Recuerdo bien una frase del cliente “queremos trescientos afiches con ruedas que den vueltas todas las noches por la ciudad”.
Y eso se pudo lograr por que estaba la oportunidad de querer innovar.